El repartidor de periódicos

A tu pequeño ritual. Poema dedicado al trabajo que haces.
Es una danza, cada acción ritmada, el ritmo que se revela entre tus manos y los objetos, entre tu cuerpo y el espacio que lo rodea, que le da soporte. Tus pies gentiles te portan. ¡Vamos a celebrar tu danza y la mía, el movimiento del mundo, por el placer sin palabras que nos une!

Le crieur de journaux

Ton petit rituel: poème dédié au travail que tu fais. C’est une danse, chaque action est rythmée, d’un rythme qui se révèle entre tes mains et les objets, entre ton corps et l’espace qui l’entoure, qui le supporte. Tes pieds gentils qui te portent. Célébrons alors ta danse et la mienne, le mouvement du monde, pour le plaisir sans paroles qui nous rejoint. 

Diario de (una) pandemia

“La felicidad no es el único don que nos da la vida” -dijiste / vacía por tanta pérdida / La felicidad no es el único… / Susurro, frente a las piras que no se sacian de cadáveres
en el año mil trescientos y tantos.
En el año dos mil y otros tantos 
diría lo mismo frente a los plásticos protuberantes  / …querría decir.
En la barriga de la pulga duerme la fatalidad diminuta.

¡El teatro no es tenis! O los peligros de la tentación de lo virtual

« Estando reunido el pueblo romano en el teatro para celebrar los juegos de Apolo, se anuncia un ataque de Aníbal, quien estaría a las puertas de Roma; el teatro se vacía, los hombres toman sus armas y corren a contener al enemigo. Los juegos habían sido interrumpidos; una grave falta religiosa. De pronto, en la mitad del circus, se ve a un anciano, ya muy entrado en años para combatir, quien había seguido bailando al son de la flauta; los juegos no habían sido interrumpidos. De allí la fórmula que se ha hecho proverbial, “nos hemos salvado, un viejo está bailando.” »

Fragilidad

Una fragilidad que se expone y que al hacerlo se atenúa. “Dire, pour l’atténuer, la fragilité de la vie”. « Decir, para atenuarla, la fragilidad de la vida ». Un decir encarnado por miles de cuerpos en las calles de Colombia, decir que se reconoce en otras voces como compartido: si algo nos une, esta fragilidad que hoy denuncia que la injusticia ha franqueado un límite que no era posible franquear sin desatar este ardor. Los testimonios de otros tiempos agitan los fueron internos y se oyen tan cerca unas voces, tan dentro, que parece que los muertos por zarpazo violento, por abandono impasible, por el hábito de “la historia” en su repartición de roles, se entremezclaran con los vivos. 

La industrialización de la mente, por Hans Magnus Enzensberger

« A todos nosotros, no importa cuan indecisos seamos, nos gusta pensar que somos soberanos supremos en nuestras propias conciencias, que somos dueños y señores de lo que nuestras mentes aceptan o rechazan […] aunque esta fortaleza imaginaria podría haber sido tomada hace mucho tiempo por un ingenioso enemigo ».