Valeria, psique o como en un cuadro de Chagall

Fragmentos, a modo de invocación poética
Con un poema de Odette Aslan
Texto de Lorena Terán

Por haber amado a Molière [Valeria]


He atravesado todas las edades de la tierra. 
Soy la eterna ciudad en ruinas y cada nuevo imperio que bajo el signo de Jano 
se ha erigido en ella,
en el recuerdo y en el olvido. 
Soy el victimario, la víctima y el indiferente, el inocente y el atónito. 
Me ofreciste una daga y asesiné al sueño
Me entregaste un cuenco vacío y revelé que portaba la sangre
 de los hijos y de las hijas muertos en la barbarie,
 y fui el padre y la madre y grité en las cloacas de la tierra:
 “Yo los enterré, ¿pero no habrá hijos que renazcan en flor?” 
 Dijiste montaña y mencionaste la promesa del amor, 
y la escalé sin moverme de mi sitio y sudaste conmigo, 
y quisiste darme agua y temiste que muriera, 
olvidando que tus horas, temblorosas, son mis siglos. 

Me pediste abandonar la forma humana y me soñé línea que placiera.

Me llamaste pájaro.
Te entregué el cielo,
en el que recordaste al Ícaro en ti dormido. 

He vestido mis manos de terciopelo y las he vuelto inútiles
sin dejar de labrar nuestra tierra.
He fabricado el pan que no distingue razas ni profesiones,
que no sabe de deudas o condecoraciones.

Hice necesarias las cosas, en mis manos;
los cuerpos, en mis manos.

El vacío y el silencio. 

Me senté a tu lado la noche que nos encontramos
y murmuré el secreto que habías olvidado
y nos miramos perplejos sin saber qué hacer 
con tan poco y tanto.
Y nos reconocimos. 


En presencia del Unicornio [Valeria]


Te abismas en lo incógnito preciso.
La precisión exige silencio.
No es un salto, no tiene la furia del emprender.
Alargas tu angustia de anguila en tu esfera armilar.
Temer deviene viento parlante que atiendes,
que descubres emoción maleable.
Extiendes tu angustia trocándola manto emplumado.
Tus tiempos todos, tus espacios todos.
Eres.

Estabas en un borde 
en el que la punta del sable ardiente buscaba el lugar de la masacre
de todas tus almas
de todos tus devenires posibles agazapados
queriendo salvarse.
Sola.

Exiliada por ti misma y por los otros 
que eran en ti.
Una soledad que se sentía tan vasta, tan con fondo y con horizonte plagados de susurros,
promesas, dichas y desdichas, invitaciones al fracaso juguetón.
Todo dispuesto y tú detenida, pasmada.
En ese borde estabas.

El sable deja huella en la entraña, es ahí donde más sientes como una grieta
Y esperas que esta nueva gana tranquila del vuelo apacigüe,
 que sepulte -de ser posible-
todo lo que en la entraña asoma.

Alguien tiene que hablarte de este modo.
Si no tú misma, ¿quién?
¿Quién va a entender?
Esa tú que sabes habitada por tantos.
Los dejas ser a todos los que te hablen, te toquen,
como si entendieran esto que eres en este instante.

No quieres más que salvarte.
No quieres temer al cercenador instante,
más abrupto, más contundente,
que vendría…


Poema de Odette

“C’était un mensonge, 
une parenthèse.
Au fond de la patience
dormaient les vieilles tempêtes.
Gourds, fripés,
blessés peut-être,
vont resurgir
mes tenaces désirs.
Les traquenards de l’attente
n’ont pas altéré
la rigueur des songes.
Absolu vivace,
compagnon des plaies,
haut mon refus!
sans peur 
je me recommence.” 1

Odette Aslan


[Valeria]


 Frágil,
devastadora de templos,
certera.

Correr a él.
Abrazarlo.
 Al Unicornio.

Enterrar una daga bendita en su vientre. 
Con amor, con vigor lento.
La sangre caliente
tu alfombra, tu círculo protector, tu olvido. 
Abrazo perpetuo en desgarro perpetuo.

El Árbol.


*


Tengo manos de mármol, destruyo todo lo que toco.  
Descuidé el jardín que me dieron los alados, 
devasté los campos con terrores como borrascas.
Arranqué lo que que no tuviera un nombre por mí otorgado,
Lo que germinara sin mi atención.

¿Por qué un jardín para cuidar sin herramientas, sin agua, sin sol?
Un jardín donde no llueve más que carbón. 

El unicornio está enfurecido,
sus ojos rojos de cielo masacrado.

Alguien se entretiene en taladrar el sol.

Este fue el jardín que recibí. 
Y mis manos de mármol.


*


1 « Era una mentira, / un paréntesis. / En el fondo de la paciencia / dormían las viejas tempestades. / Entumecidos, arrugados, / tal vez lastimados, / van a resurgir  / mis tenaces deseos. / Las trampas de la espera / no han alterado / el rigor de los sueños. / Absoluto vivaz, / compañero de heridas, / ¡hondo mi rechazo! / sin miedo / me recomienzo. » Traducción libre.



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